Los acidos poliinsaturados Omega-3 y las enfermedades cardiovaculares Omega-3 Polyunsaturated Fatty Acids and Cardiovascular Diseases
Lavie CJ , et al.
J Am Coll Cardiol 2009;54:585–94
Completa revisión en la que los autores firmantes hacen un repaso de los estudios más importantes que relacionan el beneficio que los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 (W3) despliegan en la prevención primaria y sobre todo secundaria de las enfermedades cardiovasculares, especialmente la cardiopatía isquémica. Desde los clásicos estudios en esquimales la evidencia epidemiológica del poder protector de los W3 ha quedado bien establecida. En los estudios de intervención controlados, el beneficio cardiovascular de los W3 proviene de los datos de casi 40.000 participantes – bien de prevención primaria, o que habían sufrido un infarto de miocardio previamente, o más recientemente con insuficiencia cardiaca – a los que se les dio de forma aleatoria ácido eicosapentaenoico (EPA), ácido docosahexaenoico (DHA) o placebo, que demuestran que los W3 reducen el riesgo cardiovascular tanto en prevención primaria como en secundaria. Examinan así mismo, los mecanismos potenciales por los que EPA y DHA consiguen estos beneficios: disminución de la arteriosclerosis, efecto antiarritmogénico, mejora del perfil lipídico, mejora de la insuficiencia cardiaca, efecto vasodilador, reducción de la presión arterial, mejora de la función endotelial, reducción de la agregación plaquetaria... Sin embargo, no dejan de reconocer que el consumo concomitante de grasa saturada puede minimizar y hasta revertir éstas propiedades saludables. Concluyen estableciendo que el consumo deseable de EPA+DHA debería ser de al menos medio gramo diario para aquellas personas sin antecedentes cardiovasculares y de al menos 1 gramo para los que tienen antecedentes de coronariopatía o insuficiencia cardiaca, si bien las dosis óptimas están aún por determinar.







